El arte callejero

Cuando hablamos de arte callejero suele haber aficionados y detractores al mismo, personas que lo ven como algo vandálico que merece ser castigado por la ley y otras que por el contrario encuentran en él una forma de expresión artística que merece ser expuesta a la vista de los transeúntes como forzándolos a ver algo que rompe con los parámetros definidos por el orden social. Algunos lo consideran un arte revolucionario y otros una trasgresión burda, poco interesante que se disfraza con un manto artístico.

Pero ¿Qué es el arte callejero?

Este tipo de arte tiene su origen en París, en la segunda mitad de la década del sesenta, fue allí cuando en los muros de la ciudad comenzaron a aparecer las primeras expresiones de arte urbano, inscripciones, en este caso, con mensajes netamente políticos realizados en plantillas, surgió como una herramienta de protesta social. Si bien mucha gente cree que el arte callejero sólo se limita al graffiti y que era la manera que encontraban los rebeldes norteamericanos de la década de los ochenta para manifestarse contra el gobierno, también escribían en los barrios bajos promesas de muerte o simplemente se divertían dibujando paredes del vecino más amargado.
Pero fue a mediados de los años noventa que apareció el concepto de Street Arts como definición de un grupo de artistas que trabajaban directamente en la calle utilizando distintas técnicas y materiales, como pueden ser pegatinas, plantillas, murales, posters, etc. Y con ello nació la polémica, ¿Esta nueva técnica, era una forma de embellecer la ciudad o era una forma de convivir con el vandalismo?

El Graffiti, que es con lo que más se asocia este tipo de arte, proviene del término grafito que se refiere a “palabras escritas sobre la pared”. Los primeros graffitis, en la década del sesenta, se resumían a pequeñas firmas hechas por adolescentes en los barrios más poblados de las urbes estadounidenses y utilizaban el aerosol como herramienta. Los adolescentes competían para ver cuál era la firma más original en tamaño, forma y color.
De a poco, esas firmas se fueron complejizando y se volvieron más estilizadas, de diversas formas, tamaños y con gran variedad de colores. El subterráneo era uno de los lugares preferidos para los “graffiteros”, dada la gran cantidad de personas que utilizaban ese medio de transporte, tenían mayor alcance con sus obras, sumado a eso era el lugar que contaba con los mayores medios estéticos que les permitían a esos artistas nocturnos e ilegales exponer sus obras.
El graffiti se encuentra ya expandido en todas las ciudades del mundo bajo un código invisible y cerrado de reglas desarrolladas pero no escritas, a lo largo de la década del setenta, y que son seguidas por todos los adolescentes abocados a este arte: cantidad de veces que un graffiti determinado fue pintado en la ciudad, el riesgo que supuso el acceso al lugar de la pintada y el estilo de cada graffiti como identidad propia.

Partimos desde los inicios del graffiti, pasando por el post-graffiti para llegar al arte urbano con más auge en el último tiempo. Hablamos de las Pegatinas, si bien su origen remonta a principios de los noventa, es en la actualidad que empezaron a verse cada vez más por las calles de Buenos Aires. Pero ¿En qué consiste el arte de las pegatinas? Consiste en intervenciones sobre papel que luego se colocan sobre muros, postes, buzones, etcétera. Lo que tiene de innovador esta nueva rama del arte callejero es que el trabajo del artista se lleva a cabo con anticipación, va a dibujar o imprimir un diseño en un espacio privado para luego pegarlo en las calles, generando así rapidez y una menor exposicion para el artista. Muchas veces “las pegas” se mezclan entre las pintadas políticas, los afiches publicitarios, los grafitis y los murales.
Ya que la vida útil de estas pegatinas es relativamente corta, dependiendo del clima duran una semana o más, algunos artistas buscan extender ese tiempo empleando papel plastificado o hasta incluso pasarle unas capas de barniz para que el papel sea más impermeable.
El reconocido artista La Brea comentó en una entrevista al diario Clarín: “Pegar arte en la calle es una manera más de generar conciencia. Soy y somos parte de la cuestión; la calle es nuestra, la Ciudad es del ciudadano. Estás pegando algo que pintaste;suciedad es otra cosa. Y si al vecino no le gusta, le es fácil sacarla”.

BA Paste Up es un grupo conformado por seis artistas visuales que se dedican a realizar intervenciones con la técnica de pegatinas en la vía pública generando collages colectivos. Además convoca e invita permanentemente artistas locales e internacionales, para lograr un intercambio, tanto en las piezas individuales como en la composición final.
La iniciativa se basa en encontrar una fachada libre y que los vecinos cedan el lugar para ser intervenido solo con soporte papel, mediante la realización de grandes piezas en las que se crean collages de diversas dimensiones.
La artista argentina que llevó su arte de “Paste Up” a muchos rincones del mundo es Cecilia Coppo, que dijo lo siguiente: “La pega me gusta porque rápidamente podés dejar en la calle una obra que elaboraste en tu casa, con toda tranquilidad y sin que te molesten por hacerlo. No es agresiva como lo puede ser un aerosol, en el sentido de ocupar un espacio, por su carácter efímero”.Coppo vió como surgía este arte en Buenos Aires en el año 2000, y a su vuelta de vivir unos años en Suecia se sorprendió de la cantidad de pegatinas que habían colmado la ciudad en su ausencia: “Noté mucho más la cantidad y calidad de intervenciones urbanas que tiene esta ciudad, es que acá el arte fluye por todos los rincones. Y eso para mí es un símbolo de libertad”.

 





El estilo postgraffiti recurre a materiales varios como los carteles, pegatinas, plantillas, esténciles, etc. todo ello permite ejecutar la obra de manera veloz y reproducirla las veces que sean necesarias. La localización de las obras no obedece a criterios de entorno visual ni a leyes de la simetría, es elegida y se produce una adaptación a la zona donde será realizada.
Pero ¿Es tomado en serio el arte callejero?
Shepard Fairey es un gran artista que en los años noventa trabajaba con láminas gigantes que colocaba estiradas a lo alto de los edificios, encontró el éxito económico cuando creó el afiche “Hope” para la campaña de Barack Obama. Hoy es millonario y posee su propia marca de ropa.
Banksy quien pretendía que su obra sólo apareciese en la calle, sin ánimo de lucro sino más bien que se presentase ante los ojos de la humanidad, la ironía le jugó una mala pasada cuando su obra, por sí misma, logró entrar a círculos cerrados de elites empresariales y muchas personas de alto poderío económico compiten por tenerlas en las grandes subastas para obtener sus creaciones. Tal afición llegó a que se rompiera un muro con el afán de llevarse obras de su autoría, una de ellas fue Paisaje con Nazi, que está valuada en $600.000 dólares.
Avant fue un grupo de artistas callejeros definidos como Un Colectivo De Arte Guerrillero. Realizaron tantas obras en la calle neoyorquina en la década del 80 y tantas leyendas urbanas envolvieron a sus integrantes que los mismos tuvieron que identificarse a la prensa para estar entre las galerías independientes y generar un incremento económico con sus obras posteriores.
Os Gemeos son dos hermanos que a finales de la década del ochenta salieron a “modificar” los edificios de San Pablo. Formaron un movimiento entregado a revivir las raíces culturales brasileñas a través de graffitis. Hoy también trabajan con cuadros del mismo estilo que están expuestos en salas de Europa y Estados Unidos.
A pesar de todos estos ejemplos y nombres que concluyen en el éxito económico a costa del nuevo tipo de art, hay otra parte que se mantiene en el anonimato y que muchos de sus prestigiosos artistas no quieren ser identificados y sienten que su compromiso con lo social es mucho más fuerte que su necesidad económica.
Estos artistas afirman ser los verdaderos artistas de la calle que buscan una expresión que impacte de lleno en la sociedad, quienes invierten de su propio dinero para poder expresarse en las paredes de los barrios en busca de un impacto social que haga cambiar la forma de pensar y expanda los límites de la mente, “si el arte no sale a la calle no sirve de nada” afirma el artista argentino Nelson Arregges quien además jura que el arte logró salvar su vida “si no hubiese sido por el arte, yo habría terminado muerto o preso”.
Nelson es parte de un grupo de artistas que no buscan ganar dinero, sino buscar un arte subversivo que permita mostrar belleza donde sólo hay dolor, como lo son los barrios marginales de Buenos Aires, en las villas miseria donde habitan murales con los rostros de quienes murieron de forma violenta en manos de la policía o por ajustes de cuentas en los casos más turbios. También dedica su tiempo a expresiones artísticas y talleres en las cárceles, psiquiátricos y en las escuelas.
 
También se encuentra el caso de la artista Ruth Roja, quien empezó a estudiar arte “para cambiar el mundo” buscaba en sus murales, en sus colores, en sus frases, “una manera de romper con los alienamientos de la sociedad y hacerlos pensar, buscar que en una imagen encuentren dudas, se replanteen las cosas y se queden pensando”. Ella encontró en el arte un refugio, una manera de sobresalir “en un camino mucho más rico, mucho más nutritivo, en donde también puedo hacer algo por el otro a través del arte, conectarme con las personas desde otro lugar, desde lugares mucho más sensibles, humanos y poder dejar la huella” esa huella que buscan dejar todos y quizás muchos no lo logren, estos artistas con un pincel, pinturas y muchas cosas que decir se encargan de mostrarle al mundo lo lindo de vivir y que a veces pasa desapercibido.
Al igual que Nelson, ella no busca generar ingresos con el arte, trabaja en un centro comunitario en un barrio muy pobre del conurbano bonaerense y participa de marchas feministas representando con un pincel lo que con palabras no se puede decir.
También vemos el caso de Cristian Saucedo quien encuentra en el arte una herramienta para difundir situaciones que pasan en los barrios y transmitir conocimiento al resto de la sociedad, encuentra en el arte la herramienta para cambiar al mundo despertando el lado de la tolerancia y la comprensión y construir una sociedad a través de la diversidad y el respeto humano.
Encontramos en las voces de los diferentes artistas un punto en común, que es que a través de sus propias herramientas( sin apoyo del estado) transformar las situaciones cotidianas del receptor en un momento artístico que cree un foco de reflexión.
Y para quienes no consideren que el arte puede ser una amenaza real para el sistema establecido, en el año 2004 se llevó a cabo en Argentina un documental dirigido por Sergio Morkin que toma la figura enigmática de Oscar Brahim, un hombre que se ganaba la vida como taxista. Padre de familia y marido pero también filósofo de barrio, provocador, con aire quijotesco y profeta antiglobalizador, al igual que Arregges, no le importa el dinero y detesta la publicidad con la que se engaña a la sociedad “soy anarquista” no duda en decir, y su arte en la calle no consiste en pegatinas o murales sino trabajar directamente sobre los afiches colocados en la ciudad y reformarlos con pinturas, manchas y hasta pegando imágenes que complementen la original del afiche.
El que para muchos era un psicótico que no tenía nada mejor que hacer, se convirtió durante años en la pesadilla de las corporaciones y de las agencias de publicidad, trabajando solo y en silencio, aunque a veces lo ayuda su hijo pequeño quién le sostiene los pinceles y le acerca las pinturas, fue trabajando con paso firme y sin pausa redefiniendo el significado de la publicidad masiva y mostrando su lado más monstruoso respondiendo a la premisa de que el arte debe ser subversivo.
Cuando muchos lo creían desaparecido renació de entre sus cenizas, como el Ave Fénix, con una frase que pinto en un puente de la ciudad de Buenos Aires tras las elecciones presidenciales que coloco a Mauricio Macri al frente de la nación, con la leyenda “The house is in order”.
El caso de Oscar es excepcional porque captó la atención de reyes de la publicidad como Ramiro Agulla y Carlos Bacetti , también hasta el ámbito académico como la universidad de buenos aires lo convocaron para conocer su visión ideológica y artística, aunque sentencio a todos con la frase “no me traiciono a mi mísmo”
Sin embargo algo curioso ocurrió a partir de la fuerte manifestación artística en las calles porteñas. El Gobierno de la Ciudad, en su guerra perdida por detener a los artistas callejeros prefirió dar un nuevo giro y contraatacar desde otro lado redoblando la propuesta y pagándole a artistas callejeros como Darío Beatriz quien fue el encargado de realizar un mural ubicado en el barrio de Caballito sobre la avenida Acoyte y general Venancio flores.
Los contrató, a él y su ayudante Vanesa Conedera, una empresa llamada Llubaires que se encarga del mantenimiento de puentes y túneles.
“La temática, en este caso- en una de las paredes- se basó en el barrio de Caballito. Tomé distintos recursos históricos del barrio (tranvía, mercado del progreso, veleta de latón)” explicó Darío, muy orgulloso de su trabajo. Y agregó: “En la otra pared elegí las flores y la naturaleza. En principio porque las flores y las plantas, a partir de cierta experiencia que tuve con ellas empiezan a ser parte de mi obra personal.”
Lo cierto es que el arte callejero dejó de ser considerado por muchos como una forma de vandalismo, cada vez son más quienes lo apoyan y lo celebran. Cada vez son más las calles que toman color y forma, y cada vez son más los artistas solicitados por el gobierno para que apoyen algunos de sus proyectos.
Las calles se están tiñendo con colores y en donde antes se podía ver paredes grises, vacías de sentimientos, hoy podemos deleitarnos con una gran cantidad y diversidad de temáticas y paletas cromáticas que dan vida a historias, relatos, personajes, leyendas, barrios, religión, pensamientos, etc. Llevando de esta manera a Buenos Aires en una de las ciudades más atractivas de Latinoamérica, atrayendo a los turistas de todo el mundo a recorrer los barrios más coloridos como Palermo, Colegiales, Villa Crespo, Congreso, Barracas, Montserrat y La Boca.
También vale destacar el gran aporte que hace el arte a la comunidad y a aquellos que por diferentes motivos se encuentran marginados de la sociedad, el arte cumple un rol muy activo en los centros culturales, las sociedades de fomento, las cárceles, los hospitales y en los centros comunitarios, en donde a través de las diferentes herramientas que le brindan los artistas, estas personas tienen una posibilidad de reinserción en la sociedad de una forma más cálida y eficaz.




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